Skip to main content

Administradora pública y directora de La Corporación Pudahuel Participa

En septiembre de 1973 yo tenía 12 años. Más que recuerdos, son imágenes las que me llegan hoy. Veo a la niña que fui, días antes del golpe, como tantas chicas de mi edad, del Chile popular. Ante nuestra mirada la vida transcurría con intensidad: se debatía en las casas, “razonando cuestiones de este tiempo y destino”, como cantó Víctor Jara.

Empezábamos a formarnos en la política y en la vida, entre el olor de la tierra mojada y fértil, los cumpleaños celebrados en la calle y los juegos de la edad. Cada casa era un espacio abierto, con dignidad, construyendo un futuro desde lo colectivo. Pudahuel, en ese tiempo Barrancas, era una comuna donde la Unidad Popular se vivía como una cosa cotidiana y de compromiso personal y familiar, con todas las complicaciones de esa época, pero también con alegría. Entonces sucedió el Golpe de Estado.

Entre el tableteo de las ametralladoras, ese día una época llegó a su violento fin. Las rejas de las casas se cerraron, entre el miedo y la desconfianza. Flamearon las últimas banderas populares, y hasta la luz del sol desde ese día parecía menos brillante. En mi familia conocimos la persecución y la cesantía. Mi madre, hasta ese entonces dedicada sólo a la crianza, tuvo que salir a trabajar por cuenta ajena. Como hija mayor, me tuve que hacer cargo de mis 5 hermanos, madurando a la fuerza y dejando de lado la felicidad de mi infancia.

Es duro crecer en Dictadura. Vivir acostumbrada a lo indecible, con una vida que debería ser de alegría y aprendizaje y no sólo de sobrevivencia. Por eso hoy, a 48 años de ese triste momento histórico, con la memoria llena de nostalgia y tristeza, quiero hablarle a esa niña que fui. Y también a la hermosa juventud de hoy, la que está en estos momentos llevando las riendas de los cambios.

Quiero decirles que los sueños de ahora vienen desde ese pasado que hoy lloramos. Pero que debemos seguir construyendo nuestros sueños hoy. Oleadas de jóvenes de todas las edades, los de ayer, los de ahora, nos encontramos hoy en busca de esas certezas que nos movilizaron.

Esto va mucho más allá, mucho más allá de las generaciones. Somos un pueblo que, desde los espantos de un septiembre, supo despertar en un octubre que hoy se vive a pura esperanza. Las utopías y los sueños te pueden acompañar toda una vida y soy una de quienes seguimos sosteniendo esas utopías. En cierta forma, las mismas que germinaban en esa niña que fui en 1973, las mismas que hoy nos mueven. Desde el recuerdo doloroso que hoy nos conmueve, construyamos un futuro mejor.